20 sept 2010

Raúl


-Una caña, anda, Néstor.
El camarero hizo un gesto de afirmación con la cabeza y se marchó hacia la barra. Raúl se quedó reflexionando acerca del sentido de la vida, y cavilando acerca de las servilletas de papel.
Sin previo aviso, en total silencio, una rubia se acercó y se sentó sobre la mesa. Estaba sudando. Raúl, con una gran sed de amor, la cogió del cuello y aproximó sus labios a su boca con forma de O. Mientras la besaba, sus dedos cayeron por su cuerpo hasta que el meñique rozó su culo. Por un momento, Raúl se escandalizó.
"Bueno, no pasa nada, sólo cojo a las rubias por el culo cuando son cerveza".

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Y en medio de la tormenta, me vi a mi, de
pie, observándola.